EL FLAUTISTA HUÁSCAR BARRADAS PERFILA UN 2007 PLENO DE MÁS ÉXITOS
“El espacio que ha tomado nuestra música, con un concepto venezolano, universal y moderno, tiene una indudable significación”. “Pienso que debo hacer cosas para que a los jóvenes les interese”. “Que la música venezolana conquiste su espacio. Que en cualquier lugar del mundo se oiga y se la identifique”.
Las manos de Huáscar Barradas despliegan un constante dinamismo. El flautista zuliano está convencido que este año será superior al 2006, en el cual fue designado como personaje del año por esta redacción.
Ayer vino a PANORAMA, para agradecer gentilezas, profundizar afectos, perfilar proyectos e informar sobre los grandes proyectos que le aguardan este año. Vino con su gorra de las Águilas del Zulia, una llamativa franela anaranjada de insignia panameña y esa misma voluntad optimista que le ha caracterizado siempre.
—¿Cómo observa el movimiento musical venezolano, un hombre egresado de Juilliard School como usted?
—Excelente. Todos lo pudimos apreciar en la película Tocar y luchar, de Alberto Arvelo. Está muy fortalecido. El movimiento de orquestas infantiles y juveniles proyecta al país a nivel de potencia mundial. Hace seis meses, mi profesor de flauta en Alemania, Michael Schneider, vino con otros maestros y quedó asombrado, al escuchar 200 niños tocar tan bien la música clásica, que ellos inventaron.
—¿Y en Maracaibo?
—El espacio que ha tomado nuestra música, con un concepto venezolano, universal y moderno, tiene una indudable significación, sin precedentes.
—¿Cómo le afecta ese éxito?
—Sigo siendo la misma persona, que va al estadio, tal como lo hice ayer (el martes), que se come sus pastelitos y se toma una malta y se siente frustrado ante la derrota y celebra las victorias cuando llegan. Un ser humano que se toma fotos con la gente que lo reconoce entre todo ese público. Los músicos, a diferencia de los actores de la farándula, estamos claros que esto es un arte diferente. Estoy claro con lo que soy.
—¿A qué atribuye el hecho de que el teatro Teresa Carreño, en Caracas, se haya llenado dos veces, mientras que en Maracaibo, estuvo a la mitad?
—Son dos públicos diferentes. En Caracas, ver a Ricardo Cepeda y a “Neguito” Borjas cantando juntos genera un impacto mayor que acá, donde resulta algo más común. El zuliano es muy particular en sus gustos y, a lo mejor, me han visto tocar desde niño. Me dio un poco de tristeza, no porque no me vieran a mí, sino porque los que estuvieron en el Palacio de Eventos saben que vivieron algo inolvidable, sobretodo al final, cuando músicos de todas las generaciones improvisaban versos, cantando La cabra mocha. Algo para la historia. Algo así como si una muchacha, que todos te recomendaban que te empataras con ella, tú no le paraste y resulta que, después, ella fue elegida Miss Venezuela.
—¿Puede llegar a ser un músico de tarima?
—Ya lo estoy siendo. Y me parece increíble compartir al lado, por ejemplo, de Malanga, como me pasó en Las Mercedes, resulta increíble. En el Teatro de Piedra, en Puerto Ordaz, tocamos en una tarima al aire libre.
—¿A qué se debe que la mayoría de los músicos importantes quieren tocar con usted?
—Siempre ando en una búsqueda. Pienso que soy una persona honesta en lo que hago. Me involucro muy en serio en lo que hago. Cuando hago chimbángueles busco al hijo de Juan de Dios Martínez. Busco a los que considero que son los mejores.
—Integra en esa búsqueda la danza y el teatro. ¿Adónde quiere llegar?
—Tengo un concepto, más que musical, artístico, integral. Igual que Wagner, que miraba la ópera como algo total. Un Hollywood, dos siglos atrás. Pienso que debo hacer cosas para que a los jóvenes les interese.
—¿Su relación con el cine, qué rumbo ha de tomar?
—Primero, tengo una grata experiencia de haber trabajado con Carlos Azpúrua. Arrancar de cero para trabajar con el premio nacional de cine, guarda algo muy particular. Es un personaje muy particular.
—¿Cómo fue esa experiencia?
—El es un hombre muy intenso, y yo también. Claro que hubo chispas, pero es algo muy normal, entre dos creativos luchando por su espacio. Me enamoré tanto de la película Mi vida por Sharon que resultó así. Me enseñó algo muy importante: los sentimientos humanos no tienen horario. Puedes estar triste a cualquier hora.
—¿Proseguirá con esos trabajos?
—Sí. Ahora voy a trabajar con la primera película de dibujos animados venezolanos, que hará Álvaro Planchant. Con Carlos estamos planteando, para dentro de dos años, hacer la música para la película sobre Sucre que él está proyectando.
—¿Cuáles son sus proyectos grandes para este año?
—El primero tiene que ver con un nuevo disco que quiero hacer, donde pienso invitar a gente importante. Comencé a estudiar ideas para la música. Uno de esos personajes será Oscar D’ León, también quiero tener a Rafael Rincón González y a Rafa Galindo. También invitados internacionales, como Paquito D’Rivera, Rosario Flores, quizá El Cigala, quien me conoce. La idea es que pueda expandir, pero la meta es la misma: que la música venezolana conquiste su espacio. Que en cualquier lugar del mundo se oiga y se la identifique.
—¿No tiene planteada alguna gira?
—En febrero estaremos en Florida; en junio iremos al festival de jazz de San Francisco; en agosto iremos al festival más importantes de nuevos flautistas, en Nuevo México y, después iremos al Kennedy Center, en Washington DC.
—¿Mencione un caro anhelo?
—Desearía que el Gobierno entienda que para que Venezuela tenga una identidad musical, ellos tienen que fomentar y apoyar la creación de embajadores musicales, para asistir a los festivales mundiales de música y de turismo. Para que la gente conozca nuestra música.
Barradas está comprometido con el Museo del Lago de Maracaibo
LAS BALLENAS PUEDEN CANTARLE AL COQUIVACOA
Huáscar Barradas no quiere que se le tergiverse. Considera que el arte está por encima de cualquier dictamen y que históricamente han sido los artistas quienes han instigado las grandes revoluciones. Por eso tel tema político resulta indispensable.
—¿Fue intencional que tocara el tema Mi Negra en una actividad donde estaba presente Chávez?
—Fue algo incidental. Me trajo alguna consecuencia entre la gente tonta, extremista, de lado y lado, que no entiende que el arte está por encima de todo. El Presidente me saluda cada vez que me ve. He tocado tres veces para él.
—¿Qué piensa del momento histórico que se vive en Venezuela?
—Es trascendental. Nosotros los artistas debemos jugar el papel de mediadores. Así lo afirmo siempre. Somos clave en medi ode un pais dividido. Crear una comisión de No-políticos que tendamos un puente. Allí podríamos estar la Vino Tinto, los gaiteros que tocan en las calles, donde encuentras términos divergentes en las voces de Cepeda y de Borjas, por citarte un ejemplo. El arte impone la concordancia. La Grey Zuliana es una gaita de protesta. El Gobierno tiene que aceptar que la crítica es normal.
—¿Qué le falta, en plena madurez, a Huáscar Barradas?
—Mi lucha no es por un reconocimiento de mi, sino de la música que represento. Esa gama de voces y de sentimientos artísticos. Huáscar solo no puede. Tienen que intervenir las entidades encargadas de promover la música venezolana. Gilberto Gil es la música de Brasil, pero también es el ministro de Cultura. Es una identidad concerniente al arte y que cualquier gobierno inteligente debe promover.
—¿Podría referir un camino?
—Es increíble lo que se está logrando en el Zulia con la Fundación Academia de la Gaita Ricardo Aguirre, FUNDAGRAEZ. Todos los niños que adoran la música, la gaita, están saliendo de allí. Eso garantiza que el esfuerzo creador de un compositor, como por ejemplo, Astolfo Romero, se conozca y se reivindique. El úblico dictaminará el camino a seguir.
—¿Está involucrado con el Museo del Lago?
—Es fundamental. En el segundo semestre haremos Pacificanto aquí. Las ballenas pueden cantarle al Coquivacoa. Un proyecto de varios conciertos avalando la parte educativa. En uno de ellos estarán los principales grupos, como Mermelada Bunch, Voz Veis, Bacanos, Tecupae, Guaco, etcétera. Pediremos a la guerrilla colombiana que no bombardee almacenes petroleros que luego contaminarán. Crear plantas de tratamiento. Un trabajo de participación colectiva, apoyado en la música.