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Huáscar y El Pollo le ponen sazón al Pabellón

Miryana Márquez Vucenovic para la Revista Sala de Espera

Huáscar Barradas y Rafael Brito
Hace aproximadamente año y medio nació el programa de radio El Pabellón, conducido por estos músicos que no tardan en mostrar su sentido del humor al sugerir que el título de este artículo podría ser Los modelos de la radio. Estas bromas continuas y un profundo conocimiento de la música venezolana son parte del repertorio que se puede escuchar diariamente por las emisoras del Circuito X
 
Tanto Huáscar Barradas como Rafael “El Pollo” Brito fueron parte del Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela, lo que muy posiblemente los enseñó a tener esa disciplina que ayuda a hacerse camino en el mercado venezolano, y que puede parecer un poco irónica para el que alguna vez se ha sorprendido con la informalidad de El Pabellón.
 
El nombre del programa no lo pusieron ellos. Ya existía cuando el reconocido flautista comenzó a presentarlo. Más adelante, llegaría “El Pollo” Brito, con su cuatro y su voz, a quien su colega lo apoda, en broma o en serio, “el príncipe del folklore”.
 
Con ellos nunca se sabe qué es verdad o qué es un chiste más. Esta jovialidad —que les ha ganado hasta regaños de los productores— y el aire de humildad que emana de estas dos personalidades, hacen que la entrevista se convierta en una conversación entre amigos, que se interrumpen y se meten el uno con el otro. Esta misma fórmula es la que aplican de 2 a 3, todas las tardes, para presentar las nuevas tendencias musicales del país más allá del típico arpa, cuatro y maraca.
 
Así, músicos y compositores emergentes y consagrados como Soledad Bravo, María Teresa Chacín, Aquiles Báez, Leonard García, Aquiles Machado y los Metro Boys -“que tocan en el Metro”, aclara Huáscar— han compartido la cabina con ellos. “También ponemos, por ejemplo, Juan Luis Guerra cantando “Woman del Callao”, o la versión de “Sabana” de Joan Manuel Serrat”, añade. “La línea de la radio no es la de una emisora que pone salsa -aclara “El Pollo”-. Y ahora, venga quien venga, tiene que cantar algo de música venezolana”.
 
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-¿Qué creen ustedes que le hace falta a esta música para que sea famosa en el mundo?
 
(Al unísono responden, entre risas):
 
EPB (El Pollo Brito): Real.
 
HB (Huáscar Barradas): Billete, billete.
 
EPB: Uno mira al cielo como las abuelitas y pide: “Un empresario por favor”.
 
HB: Por ejemplo, para entrar a Estados Unidos tienes que buscar como 100.000 dólares para arrancar. ¿Quién tiene esa plata para invertirla?
 
EPB: También creo que la difusión es una de las cosas primordiales.
 
-¿Qué le puede ofrecer la música hecha en Venezuela al mercado internacional?
 
HB: El ritmo y el sabor. Hay una cosa que nosotros tenemos en común y es que usamos mucho la percusión afro-venezolana. Pienso que eso es una de las claves, porque el extranjero siempre está fascinado por el tambor y África. La música venezolana tiene que ser más universal, de manera que para el oído normal sea fácil escucharla.
 
EPB: La mayoría de los ritmos afro-venezolanos están en 4x4 o 2x4, que es la medida que tienen la salsa o el merengue dominicano, que se pueden bailar.
 
-Hay que buscar los ritmos venezolanos que sean más bailables y accesibles. Parece que en el país hay una vuelta al folklore. ¿Por qué creen ustedes que sea eso?
 
HB: La primera razón es porque hay una política de Estado —como la de los ochenta—, al haber implantado una vez más el 1x1, y 25% de eso tiene que ser de raíces fuertemente tradicionales.
 
EPB: También pasa algo con el corazón del venezolano. El que está en el gobierno dice “todo tiene que ser venezolano” y los que no están, piensan: “yo tengo que defender o querer más a mi país”. Una forma de hacerlo es con la búsqueda de nuestros valores.
 
HB: Para mí, la música tiene un efecto como la Vinotinto: es uno de los pocos puntos de encuentro que tienen los venezolanos.
 
-¿Han tenido que comprometer ciertos gustos para llegar a un acuerdo en la música que prefieren poner en el programa?
 
HB: No tanto entre nosotros, pero sí con la radio. Yo soy un poco más loco con los gustos. Él es más radical.
 
EPB: A mí lo que no me gusta son los tipos desafinados. Hay que defender lo que uno tiene porque aquí hay demasiada gente para lo que tú quieras. Entonces tú ves a un tipo haciendo una cosa desafinada y es famoso en el mundo, por lo que hablábamos del billete.
 
HB: Nosotros ponemos poca arpa, cuatro y maraca. Tratamos de buscar algo de nueva música venezolana para enseñarle a la gente que hay más.
 
EPB: El problema es que, desde tercer grado, el niño está viendo en los libros que la música venezolana es joropo.
 
-¿Cuál es el secreto mejor guardado de la música venezolana?
 
EPB: Eso sería muy comprometedor.
 
HB: En el concurso nos dimos cuenta de que hay muchos talentos —porque el venezolano por tradición canta y tiene chispa— pero no encuentran el camino para entrar, aunque ahora es más fácil que hace unos cinco años. A nosotros nos pasó. “El Pollo” grabó un disco buenísimo, pero nada. Y yo llegaba a una emisora y me decían “déjalo a consignación, porque eso no se vende. ¿Quién va a oír eso?”. Así lo trataban a uno hace seis años. Pero la tortilla se ha volteado y ahora nos llaman para ver cuándo sale el disco.
 
-Cuando alguien tiene éxito como ustedes, es típico que uno se pregunte: “¿Qué tienen ellos que no tengo yo?”
 
HB: En el caso de “El Pollo”, es el físico.
 
EPB: (entre risas) Realmente es la constancia. De los ochenta para acá, los que se han mantenido son los mismos, pero buscas la generación de relevo y no hay. Es la constancia, el estar ahí y sacarse de la cabeza que uno se quema. Al revés, te quema el no hacer nada.
 
HB: Ahora, con esta ley, es más fácil y las emisoras tienen a alguien que está preocupado por esa parte. Por lo menos dicen “vamos a escucharlo”. La disciplina es importante, porque estas son unas carreras que no son de velocidad sino de fondo. El artista se prueba cuando empieza a dar conciertos, cuando la gente está dispuesta a pagar o así sea gratis, que se moleste a salir de su casa para ir. Y a los grupos nuevos se les olvida que tienen que seguir echándole, estudiando, componiendo.
 
-¿Qué más están haciendo El Pollo y Huáscar Barradas para apoyar al artista local?
 
EPB: Yo creo que no depende de nosotros sino de la persona. Nosotros vimos tanta gente en el concurso, que uno dice: no me vuelvas a invitar a mí, sino a ese muchacho. Pero, si él no tiene nada, no lo pueden invitar.
 
HB: En el punto de la carrera que nosotros estamos, que nos está yendo un poco mejor, hay que darle una mano a todos esos que están como estuvimos nosotros, que comenzamos de cero. Siempre estamos dándole la oportunidad a alguien. Volvemos a lo de la constancia porque hay gente que piensa que cantó frente a tres mil personas una vez y ya. Tienes que tener paciencia, buscar la plata y seguir.
 
-Una de las cosas que caracteriza a El Pabellón es el humor. ¿Les ha pasado que alguien se haya molestado por la informalidad del programa?
 
EPB: A veces escriben y dicen que Huáscar no habla o que habla mucho.
 
HB: Lo que más les preocupa es que “El Pollo” se mete mucho conmigo.
 
EPB: Una vez Cheo Hurtado llamó, pero a hacer una crítica constructiva: “Huáscar, cuando invites a una persona y esté explicando algo, deja que termine de hacerlo”.
 
HB: Pero es que la productora me hace la seña que hay que cortar, porque hacemos el programa improvisado, sin guión. A mí me cuesta mucho cuando “El Pollo” no está.
 
EPB: A mí también me cuesta mucho porque no hallo con quien meterme. Y digo en vivo: “Afortunadamente Huáscar no va a estar aquí hoy, porque él y que está de gira para Nueva York. Pero lo que está es tocando en cuatro bares ahí”.
 
-¿Tienen algún personaje admirado que hayan querido entrevistar pero no se ha dado?
 
HB: Es que todos quieren venir para acá.
 
EPB: (risas) Cuando yo era pequeño Oscar de León o Ilan eran personas inalcanzables. Ahora son panas. Por supuesto, fue increíble entrevistar al tenor Aquiles Machado, que es una gloria venezolana y estaba aquí como si fuera cualquier persona. También sería importante José Luis Rodríguez o Franco de Vita. Pero yo voy a entrevistar a Dudamel cuando Huáscar no esté, para que se muera.
 
HB: Hablando en serio, cuando comenzó el programa nosotros buscábamos gente, pero ahora mucha gente nos llama. Así que yo creo que hay algún rating.
 
EPB: Ahí es que se mide la humildad de un artista: que de repente no le importe venir a estar con estos dos locos, que lo que estamos es simplemente trabajando.
 
HB: Cuando vino Soledad Bravo nosotros estábamos súper contentos, no lo creíamos. Nuestra idea es que venga todo el mundo, los híper famosos y los no famosos.
 
-¿Hay algún proyecto que se esté cocinando en El Pabellón?
 
EPB: Viene otra vez Ponle Son al Pabellón en todo el territorio nacional, que fue un concurso que se hizo el año pasado.
 
HB: Son cuatro castings en el mes de agosto. Y la final es el 7 de octubre en el Sambil, porque cabe mucha más gente que en Corp Banca, donde se hizo antes.
 
EPB: Además, nuestra idea es que el programa dure dos horas, y nos gustaría que se pasara en televisión al mismo tiempo que se está pasando en radio.
 
HB: O una cadena nacional de una hora a la semana donde estuviéramos “El Pollo” y yo.
7/22/2009

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